¿Cuándo se creó el Internet de las cosas? Origen y ejemplos

El término Internet de las cosas se remonta a 1999. Descubre qué significa IoT, cómo funcionan los objetos conectados y qué cambia en la vida cotidiana.

El nombre «Internet de las cosas» se asocia a una presentación de Kevin Ashton de 1999. Eso no significa que todos los objetos conectados nacieran ese año. IoT, por sus siglas en inglés, describe una evolución tecnológica en la que dispositivos físicos pueden recoger datos, intercambiarlos y actuar sobre su entorno.

Una cosa es poner nombre a una idea y otra crear cada tecnología que la hace posible. Los sensores, las redes y los sistemas de control tienen sus propias historias.

1999: el origen del nombre

En su artículo That ‘Internet of Things’ Thing, publicado en 2009, Ashton recordó que había usado la expresión como título de una presentación en Procter & Gamble diez años antes. Su explicación conecta la idea con RFID, una tecnología de identificación por radiofrecuencia.

El propósito era que los sistemas obtuvieran información del mundo físico sin depender siempre de una persona que la introdujera manualmente. Leer automáticamente una etiqueta o medir una condición permite conocer algo sobre un objeto, su ubicación o su estado.

Por eso, 1999 es una referencia para el término, no la fecha de invención de todos los sensores, redes o aparatos que hoy incluimos bajo IoT.

¿Qué es exactamente el Internet de las cosas?

El glosario del NIST recoge definiciones que incluyen dispositivos conectados, sensores, controladores y electrodomésticos. Lo distintivo es la relación entre un objeto físico, los datos y la conectividad.

Una lámpara convencional recibe electricidad para iluminar. Una lámpara conectada puede, además, recibir órdenes por una red. Un sensor de temperatura mide una condición del ambiente; si comparte sus lecturas con otro sistema, esa información puede utilizarse para avisar o tomar una decisión.

Un ejemplo completo: regar cuando hace falta

Imagina un jardín con un sensor de humedad, un controlador y una válvula. No hace falta empezar con palabras técnicas: el sistema necesita medir, comunicar y actuar.

  1. Medir: el sensor obtiene un dato sobre la humedad del suelo.
  2. Comunicar: el dispositivo comparte esa lectura con el controlador o un servicio conectado.
  3. Decidir: una regla compara el dato con el nivel configurado.
  4. Actuar: el controlador abre o cierra la válvula, si esa función está disponible.

El ejemplo no garantiza un ahorro concreto de agua: el resultado depende de la instalación, las reglas y las condiciones del jardín. Su valor es mostrar cómo un dato físico puede servir para una acción práctica.

IoT, Internet y Wi-Fi no son lo mismo

Internet es la infraestructura que conecta redes. Wi-Fi es una de las tecnologías que permiten enlazar dispositivos de forma inalámbrica. Un sistema IoT puede utilizar Wi-Fi, otras comunicaciones o una pasarela que reúna los datos de varios equipos.

Tampoco toda automatización necesita enviar continuamente información a un servicio remoto. Parte del procesamiento puede realizarse cerca del dispositivo. Para entender un producto concreto conviene preguntar dónde se guardan los datos y qué funciones siguen disponibles cuando se pierde la conexión.

Qué mirar en un objeto conectado

Las investigaciones del NIST sobre IoT incluyen conectividad, interoperabilidad y ciberseguridad. Para el usuario, eso se traduce en preguntas sencillas: ¿recibe actualizaciones?, ¿con qué otros sistemas funciona?, ¿quién puede consultar los datos?, ¿necesita un servicio adicional?

Más que una fecha única de invención, el Internet de las cosas tiene un nombre que se remonta a 1999 y una idea fácil de reconocer: conectar lo que ocurre en el mundo físico con información que pueda resultar útil.

Datos y fuentes revisados el 16 de octubre de 2026.